En los primeros 14 meses de su sexenio, Andrés Manuel López Obrador ha gobernado sin partido. No ha recurrido, por su vieja aversión a los vicios políticos del pasado, a emplear la estructura de Morena como correa de transmisión de las políticas y las órdenes presidenciales; tampoco ha tenido un partido capaz de dar orientación ideológica y seguimiento a la acción gubernamental, entre otras causas porque el lopezobradorismo es un movimiento mucho más sólido, orientado y extendido que el partido al que dio vida.
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