La escorada nave trata de seguir a flote mientras entramos en los remolinos más oscuros de la doble o triple crisis que nos vuelve contemporáneos de todos los hombres. Como quería el poeta Paz, tal vez sin imaginar por cuál camino llegaríamos a tal vecindad. Los primeros y rotundos indicios de que la cosa va en serio y, por lo pronto, para peor, son los litigios dentro de nuestro vilipendiado sistema público de salud donde todos los días se oyen voces indignadas que revelan flagrantes insuficiencias en mate-ria de “insumos” básicos, indispensables para desempeñarse con relativa seguridad en los pisos y pabellones donde la vida de muchos se dirime.
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