Estamos en aprietos. Acorralados tanto en nuestra seguridad sanitaria y vital como por la economía de cuyo desempeño dependen muchos de los recursos para asegurar la vida y su reproducción. Ni un flanco ni otro merecen el trato descuidado que les damos; frivolidad para la que no puede haber justificación alguna por una sola y poderosa razón: el estado de ánimo y la visión, la ocurrencia o, simplemente, la necedad hacen política y junto con ella pueden también hacer sentido común.
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