En el marco de la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington, vale la pena una premisa para la discusión: ¿qué reacción habría generado en México una negativa al viaje diplomático?, ¿qué estaríamos debatiendo si ante la invitación de Donald Trump, el presidente de México hubiese dicho que no? Es difícil asegurarlo, pero podríamos apostar que una buena parte de la opinión pública estaría esgrimiendo que la negativa es romper con nuestro principal socio comercial, sinónimo de declararle la guerra al volátil mandatario estadunidense y, desde luego, tomar partido por el demócrata Joe Biden en el proceso electoral de noviembre de este año. Además, se advertirían posibles represalias en materia comercial y energética. En suma, la crítica sería de similar proporción pero perfectamente inversa en argumentos a lo que tenemos hoy.
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