domingo, 20 de septiembre de 2020

Fritz Glockner*: Madera y fuego

Sin Madera no hay fuego, las voces insurgentes ya habían comenzado a propagarse, desde la década de los años cuarenta en el estado de Morelos con Rubén Jaramillo a la cabeza, se había mostrado la desviación que se iniciaba desde la cúpula revolucionaria con una incipiente amnesia de las consignas como “tierra y libertad” o “la tierra es de quien la trabaja”; paulatinamente las contradicciones se suman durante los calendarios del siglo XX, maestros, campesinos, estudiantes, obreros, médicos, las voces van exigiendo lo que en apariencia ha quedado impregnado en la legalidad y que se ha transformado en letra de ornato; primero la tierra de Zapata, de pronto es la de Villa la que vuelve a gestar la indignación hasta un punto de ebullición que se desparrama, con la opción de las armas como única vía para reavivar el sentido de la legitimidad ausente.

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