En el marco de las celebraciones del Día Internacional de la Mujer valen algunas reflexiones sobre su profundo sentido. Con independencia de su calificación profesional, ellas han sido discriminadas para dirigir grandes empresas o proyectos, lo mismo en el sector público que en el privado. Las razones son muchas, pero casi todas apuntan a la negativa de los hombres a admitir que las mujeres están igual y, en algunos casos, más capacitadas para desarrollar las mismas actividades que ancestralmente ellos han detentado. Es un atavismo que ha sido muy caro superar y pone al género femenino en desventaja, perpetuando un sistema meritocrático diseñado por y para los varones.
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