jueves, 18 de marzo de 2021

Jorge Eduardo Navarrete: Pandemia: de nuevo, las vacunas

Quién habría imaginado que buen número de los problemas más arduos relacionados con la pandemia correspondería al elemento que, en la actual coyuntura, ofrece la más sólida perspectiva de dejarla atrás: las vacunas. En el primer año de la pandemia, las vacunas fueron vistas como oportunidad de colaboración científica abierta a todos y en favor de todos, como campo privilegiado de cooperación multilateral. Se han revelado, en cambio, como campo de batalla, como ámbito de afirmación de posiciones cerrada-mente nacionalistas, como escenario de competencia irrestricta, despiadada. En la primera mitad de marzo, con el inicio del año dos de la pandemia, se desató una suerte de “tormenta perfecta” en torno a las vacunas: la mayoría de los países europeos, sobre todo occidentales, suspendió por un tiempo la aplicación de la desarrollada por Oxford-AstraZeneca, una de las tres más utilizadas; esta decisión, adoptada por cada uno se esos países, se predicó en informaciones que relacionaban su empleo con unos cuantos casos –algunos fatales– de problemas de coagulación o hemorragias internas; la empresa negó ese aserto al señalar que en Europa (incluso Reino Unido) ya se han aplicado más de 17 millones de dosis; la autoridad europea de salud inició una pesquisa urgente; la OMS indicó que el riesgo, de existir, era mucho menor al derivado de lentificar el ritmo de vacunación y alentar las actitudes opuestas a la inmunización, manifiestas en diversas latitudes.

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