Todo empezó en Afganistán, en los años 80, cuando el gobierno de Estados Unidos se involucró en el apoyo activo a los muyeidines que combatían a los invasores soviéticos en nombre del Islam. Washington les proporcionó armamento, dinero y capacitación, especialmente en organización y manejo de explosivos. Cuando la URSS abandonó el país invadido, el gobierno estadunidense dejó a sus aliados abandonados a su suerte y se embarcó en una activa hostilidad en contra de grupos armados islamitas en todo Medio Oriente. Más aun, en su obsesión por frenar el integrismo, la Casa Blanca contribuyó a armar al régimen de Saddam Hussein, quien en ese momento libraba una guerra contra Irán. Ese viraje fue visto como una doble traición por los combatientes afganos y el rencor fue el caldo de cultivo del surgimiento de Al Qaeda y otros grupos fundamentalistas violentos.
de La Jornada: Política https://ift.tt/3uSuYwU
No hay comentarios:
Publicar un comentario