Por ahí andan los pregoneros del fracaso en la consulta, llenando titulares y elevando “autorizadas” voces para afirmarlo. Y, en otros lados, animan el cotarro los que ven en tal suceso los albores de una fiesta democrática. Y así continuarán los enrarecidos aires de la vida pública de estos preocupantes días de vengativa pandemia. Por unos momentos se pensó o, más bien, se deseó, que el virus fuera en retirada. Pero, ¡no! tal parece que ha vuelto revestido con filosos dientes y mayores contagios. Y, con ellos, las ya usuales condenas terminales: alguien habrá de pagar las cuentas, ya sea ahora o después de 2024.
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