En planetas manicómicos, como el nuestro, enloquecidos pero ridículos, esperanzados pero mentirosos, irresponsables pero tenaces, de cuando en cuando fenómenos naturales, sociales o sanitarios exigen replantearse la situación individual y colectiva con respecto a nosotros mismos, a nuestros semejantes y al mundo, sin que a la postre logremos espabilarnos más allá del miedo, de las pérdidas y de algunos tranquilizadores propósitos de enmienda.
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