Definitivamente, nunca fue monedita de oro pero, además, con el agravante de que tampoco nunca le interesó llegar a serlo. Esto, sin embargo, no debe asombrarnos: los seres que son rectilíneos, de una pieza, suele decirse, son así: se quiebran, pero no se doblan. Son tozudos, inamovibles, tercos y persistentes.
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