Un examen –incluso somero– de las dos décadas y media que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) estuvo en vigor, tendría que preguntarse, al menos, por las ventajas y desventajas de acuerdos de libre comercio con el vecino del norte. Las ventajas son datables y conocidas. Han sido uno de los temas centrales de la propaganda política que validaron y convalidaron a las administraciones desde el periodo de Carlos Salinas de Gortari hasta la de Enrique Peña Nieto. En principio se reducen a tres: 1).- el ingreso masivo de inversiones extranjeras que se concentraron tan sólo en ocho entidades de la República; 2).- la formación de una fuerza de trabajo que –por su calidad, disciplina y nivel tecnológico– compite con cualquiera en el mundo y 3).- la aparición de un nuevo rubro en los ingresos internacionales, el cual encabeza hace tiempo la lista de esos ingresos y que es cosecha del sacrificio de los migrantes, las remesas.
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