El juicio a Joaquín Guzmán Loera, en Brooklyn, es en realidad al sistema político mexicano entero, no sólo a sus ramificaciones policiacas, militares o judiciales. Pero justamente cuando la “Guerra contra el narcotráfico” entra a su segunda transformación (Felipe Calderón planteó el modelo original y Enrique Peña Nieto realizó la primera transformación, que en realidad fue continuidad), ahora con el ropaje de una guardia nacional de origen militar, con mano castrense y con soldados aún más intrusivos (de aprobarse el correspondiente proyecto de ley, en sus términos, podrían ser “auxiliares” de las agencias del Ministerio Público), las revelaciones provenientes de Nueva York muestran sin atenuantes el nivel de control del aparato estatal que han llegado a adquirir los grupos ejecutivos del crimen organizado, más allá de planes ingeniosos, declaraciones enjundiosas y buenas intenciones de reformismo compaginado.
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