La disputa por lograr las mejores frases para sentenciar al gobierno o a su Presidente, ha sido todo un acontecimiento difusivo. Pasan revista en la contienda los más insignes y notorios personajes de la opinocracia consagrada. A cual más trata de apresar, en unas cuantas letras, la violación al orden usual o al deber ser, ese que ya está esculpido. Trátese al hablar de lo que se colige como realidad imperante o sea el tinte de sentimientos obradoristas, las frases, condensadas y críticas, se suceden en cascada. Pero no olvidan los supuestos fracasos del cometido básico, la dudosa o de plano inexistente transformación propagada. Tampoco ningunean, sino reiteran frases para el recuerdo sobre la estrategia omisa y demás movimientos, señales y muestras de lo que ocurre. Todo ello, parecen decir con elocuencia sintética, supuestamente dignas de ponerlas en el muro de los notables. Y ahí han estado tratando de retacarle al lector, oyente o la audiencia cautiva, la genialidad de sus condenas y las predicciones terroríficas consiguientes.
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