Sin consumo no hay reproducción sostenible de la economía; dicho en un lenguaje menos arcano: sin consumo no hay desarrollo. No en un país del tamaño de México y con el peso y la diversificación alcanzada en sus actividades y producciones. De eso deberíamos estar todos convencidos, pero la verdad manifiesta es que no. El consumo depende del ingreso que en gran medida proviene del trabajo asalariado, pero también del que se realiza en un cúmulo muy variado de actividades que tienen una traducción económica y monetaria más o menos directa e inmediata. Nuestra economía es ya, esperemos que sin mayores recesiones ni regresiones, una monetaria y diversificada, descentralizada y con un peso significativo de la producción industrial que desde hace un par de décadas se ha bifurcado entre el mercado interno y el de exportación.
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