En el largo fin de semana que corrió del 11 al 13 de abril, en el fragor de la pandemia del Covid-19, los exportadores de petróleo asociados en la OPEP y una decena de exportadores no-OPEP –un ‘no-grupo’ que a partir de 2016 se ha sumado a las acciones de estabilización del mercado y los precios del crudo– alcanzaron el más ambicioso de sus entendimientos de control de oferta, forzados por la caída espectacular de las cotizaciones en el último trimestre. Ésta reflejó, a su vez, el desplome de la demanda mundial del energético que ha seguido a las muy extendidas acciones nacionales de confinamiento, el elemento común de los esfuerzos para contener la pandemia. Estas acciones incluyeron el cierre temporal de actividades productivas, comerciales y servicios de distribución y transporte. También deliberaron, por su parte, los ministros de energía del G20. Además, se produjo la abrupta irrupción de Trump –ahora, se dijo, para facilitar el acuerdo de los productores– único aspecto en realidad novedoso de lo ocurrido.
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