Valle de Bravo, Méx., A las orillas de la Presa Villa Victoria, bajo un sol riguroso, doña Nicolasa Mondragón Díaz se afana en dejar la ropa de su familia tan limpia como sea posible. Con la ayuda de un cepillo y de la fricción de sus propias manos va sacando de a poco las manchas y enjuaga las prendas con el agua que este embalse le ha dado durante casi toda su vida.
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